domingo, 29 de enero de 2012

TELEVISIÓN Vs. TELE-FICCIÓN [MICCIÓN]

Me veo en la penosa obligación de informar a todos ustedes que esta noche serán suspendidas sus actividades habituales. Mucho me temo que no va a ser posible que abandonen sus cándidas mentes al regocijo que ofrecen las cálidas historias proveídas por los dos mejores exponentes del periodismo de investigación de los domingos que esta tierra estéril ha visto nacer: Manuel Teodoro y Pirry –ésta es la hora en la que ya no nos importa descubrir su nombre humano y, en cambio, nos acostumbramos a llamarlo como lo que es: la mascota preferida de la tele-micción nacional-. No por coincidencia están enfrentados en el horario estelar.
En lugar de eso, va a verse usted obligado a fingir atención mientras rodea su mentón con el índice y el pulgar. Así entonces, entrecierre sus párpados, no pierda ocasión de ponerse sus anteojos, y luzca tan interesante como nunca jamás lo será. No rechace la invitación que le hago hoy, permita al aburrimiento ser uno más en su hogar y dele una oportunidad a un documental de índole más social que política. Tedioso. Una película que no incluye a ningún chimpancé competitivo jugando boccia -Adam Sandler, es decir-. De esos en los que no se echa mano de la caricatura y, el dolor, la angustia, la zozobra, uno tras otro, son el lugar común en la vida de sus protagonistas. Siento mucho importunar sus planes, pero es por su bien, niños.
El documental colombiano galardonado con el Premio del Público en el Festival Internacional de Documentales de Santiago de Chile (2010), el Premio Cámara Justicia de La Haya en (2011) y Mención especial en el Festival de cine y Foro Internacional sobre los Derechos humanos de Ginebra, IMPUNITY, con mayúsculas, coproducción francosuizocolombiana, dirigido y creado por Juan José Lozano a partir de una idea de Hollman Morris, se transmite esta noche por el Canal Capital, a las ocho y media. Retrato de una ley alcahueta.
Coincide la transmisión del documental con el nombramiento de Hollman Morris como gerente del Canal Capital.
No hará falta el José Obdulio Paseador, por tanto, que se dedique a mortificar con que Petro puso a Hollman Morris en Canal Capital y a su hermano, Juan Pablo, en la junta directiva de la ETB, como recompensa a su alianza maléfica con la guerrilla. Es casi como un patrocinio con dineros públicos a una política sesgada de desprestigio en contra del ex presidente Uribe y su pulcro gobierno, croa desde sus repugnantes espacios de opinión. Si utilizan bien sus posiciones los hermanos Morris y recuperan el patrocinio para su productora de televisión, Contravía, me alegra. Por si usted no lo sabía, Contravía es un programa, el único, de periodismo investigativo en Colombia que, en este momento, busca patrocinio con el propósito de no suspender sus actividades.
Puede haber, quizá, contrariedades de carácter ético. Haría bien quien se cuestionara esta limitación. Si lo hace con juicioso discernimiento, armándose de argumentos, mejor. Dudo que quien se atreva, sin embargo, lo haga con el estímulo de abrir un debate serio sino, por el contrario, con el ánimo de servir de ungüento a toda la irritación que lastima en El Ubérrimo.
Del mismo modo en que se utilizaron, en beneficio de la marca Colombia Es Pasión –una telaraña tenue, débil, treta de la que únicamente son víctimas seres con cerebro de mosca-, recursos públicos –canalizados desde Proexport- con el objeto de que el canal de noticias CNN realizara una serie de programas periodísticos con suentrevistador estrella del horario triple A, Cala, complacientes con la política del “dotor” Uribe en las que participaron, día tras día en una semana, él inicialmente, seguido por Plazas Vega, hágame el favor, Pachito Santos y el General Naranjo. Sí, aprovechando su espacio de tele-ficción, los consejos comunitarios, como una tribuna para que sus allegados metidos en problemas defiendan su causa ante la justicia. Sí, torpedeando hasta el cansancio la anulación de los artículos 76 y 77 de la Constitución que le restituían la respiración a la Comisión Nacional de Televisión (costaba su funcionamiento veinte mil millones al año, que iban a parar a los bolsillos de sus secuaces). Sí, utilizando recursos financieros y humanos de la nación para interceptar comunicaciones de miembros referentes de la oposición, magistrados  y periodistas –que sirva ésta de oportunidad para hacerle una cuña no pagada a la Universidad de la Sabana que incluye en su pensum de Comunicación Social la cátedra: Interceptaciones Ilegales-. Sí, favoreciendo que el único proponente en el proceso de licitación para el tercer canal de televisión fuese el Grupo Planeta, ente que recoge, entre otros, los intereses económicos de un entrañable amigo de la casa Uribe, William Vélez Sierra -empresario antioqueño y contratista del Estado, socio además de los hermanitos Uribe Moreno y los Nule-, compañero en masacres y envíos de avionetas cargadas con… con lo que sea. Sí, entregando licencias de tele-captación al grupo DMG.



miércoles, 25 de enero de 2012

EL SÍNDROME DE LONDRES

Después de extensas observaciones, de desplegar recursos irrisorios, cercanos al cero absoluto, en seguimientos exhaustivos a individuos para nada representativos de la muestra, es posible, con toda la subjetividad del caso, diagnosticar la propagación como epidemia del, desde ahora descubierto y nombrado, Síndrome de Londres.
¿Cómo comprender, entonces, el fenómeno suscitado, la lluvia de críticas que cayeron sobre la administración distrital a causa de la contratación del radiestesista, Jorge Elías González Vásquez, con el, pretexto para los más, propósito en sentido estricto, de que evitara que las precipitaciones opacaran la ceremonia de clausura del Mundial de la FIFA sub 20? No obstante, del mismo modo, haber desplegado sus ritos y conjuros y rezos el día que tuvo ocasión la posesión del señor presidente de la república con el objeto de empantanar el discurso zalamero de Benedetti, y en efecto, posteriormente, abrir las nubes de par en par y así dar paso a los rayos de sol que iluminaron el acto de presentación de la familia Santos como inquilinos, al menos por cuatro años, de la Casa de Nariño.
Asegura sin vergüenza alguna Jorge Elías González Vásquez, sin temor evidente por estar envuelto en una polémica de envergadura similar a la torrencial precipitación de expedientes, documentos, y vídeos refundidos de reuniones en Starbucks, sobre la casa en Teusaquillo de la ilustrísima Maria Eugenia Rojas, cuando no da más que para emular el escándalo mediático de la uña encarnada de Laura Acuña o las nalgas damnificadas de la muchachita Cediel, o cualquier imprudencia de J. Mario, que las maravillas de su gestión se deben a un simple péndulo que él mismo a la edad de quince años armó. Aliado incondicional, bien valga añadir, del que incautos se han valido para solicitar, prescindiendo en absoluto de fe y espíritu, favores extraordinarios a un ser de luz extrasensorial llamado Yod Je Vau Je, sofisticado ente inmaterial, más conocido en la literatura hebrea como Jehová. Los números ganadores de la lotería o la esquiva atención femenina son, por nombrar únicamente los deseos más representativos del espíritu desapegado y altruista de aquellos seres brahmantes de la nueva era, seres de luz en rojo -frente al semáforo-, la recompensa del uso de los péndulos, instrumento de conocimiento milenario.
Coincidentemente conozco a alguien, un orgulloso uniandino, quien perdió la razón por completo a causa de creer en las bondades del péndulo, cuando se convenció a sí mismo de que al vaivén de éste, siguiendo con atención su oscilación irregular y disponiendo un vaso con agua en la habitación en la que realizase el conjuro e imaginándose a sí mismo suspendido en un campo de energía color violeta, montaría en un vehículo de comunicación para invocar la magnificencia de Yod Je Vau Je y, desde luego, había hecho oír sus ruegos al notar que las jovencitas en la universidad le prestaban más atención de la habitual. Miradas fortuitas que se cruzan, y miradas de reojo, nomás. Haría alarde, más tarde, de su condición de guapo irresistible. Sin tener la menor idea el pobre hombre de que las muchachitas se fijaban antes con asombro era de sus ojeras extendidas a manera de media luna bajo sus ojos y, presas del terror, se apresuraban a dar media vuelta y evitar su aspecto visiblemente trastornado, después de sonreír con hipocresía, bien obedientes a los consejos que dictaba su moral doble. Esquizofrenia exquisita. Deleite para quien abusa de oírse a sí mismo. Doble moral. Bledo molar.
Pese a haber el señor González cumplido con su labor, ya mucho se ha comentado acerca, es perseguido e incluso citado a declarar, por una parte, en la Procuraduría a explicar, con detalles, los vericuetos de su contratación por parte del IDRD, es decir todo el tejemaneje del asunto, y, por la otra, a la Fiscalía General de la Nación “para que (nos) explique la circunstancia de tiempo, modo y lugar en que se puede evitar que ocurra el fenómeno de la lluvia”, cuando, a responder por el proceso investigativo que se abrió por la malversación de casi dos mil millones de pesos en la ceremonia de clausura del torneo a pocas cabezas visibles se señaló. Sin retrasos ni anticipos envolatados, el chamán a las lluvias ahuyentó.
Aun así, Ana Martha de Pizarro, reconocida antropóloga y sucesora de Fanny Mickey en la dirección del Festival Iberoamericano de Teatro, a mi gusto, sin salirse por la tangente (de aproximaciones trigonométricas y geométricas entienden mejor los tecnócratas que a sus buenos oficios debemos agradecer, entre otras, la ley Echeverry, el AIS, la Ley 100), sin hacerse chichí en los pantalones –no gracias al chamán sino, en cambio, a su convicción de haber actuado en conformidad a su buen juicio profesional-, “parte central del evento era contratar a ese señor”, explicó. No se refería a Pekerman, señoras y señores, al chamán era a quien aludía.
¿Cómo hacerse el de la vista gorda cuando de la realidad cultural colombiana se trata? Gerardo Reichell-Dolmatoff, un pobre diablo intelectual, de esos a los que ustedes huyen sin darles la menor oportunidad, describe el chamanismo como “un sistema coherente de creencias y prácticas religiosas, que tratan de organizar y explicar las interrelaciones entre el cosmos, la naturaleza y el hombre. Estas explicaciones sobre el lugar que el hombre ocupa en la naturaleza, en parte se fundamentan en experiencias visionarias que, por tener una común base neurofisiológica, son muy convincentes.” Siendo este sentimiento coherente y consecuente con el espíritu de la Constitución Política de Colombia en sus artículos 7 y 8, y, en consecuencia, de la Ley de Talento Humano en Salud 1167, en su apartado número 20.


De la Constitución Política de Colombia, 1991:
Artículo 7. El Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana.
Artículo 8. Es obligación del Estado y de las personas proteger las riquezas culturales y naturales de la Nación.
De la Ley de Talento Humano 1167, 2007:
Artículo  20. Del ejercicio  de las Culturas  Médicas Tradicionales. De conformidad con los artículos 7° y 8° de la Constitución  Política  se garantizará  el respeto a las  culturas médicas tradicionales propias de los diversos grupos étnicos, las cuales solo podrán ser practicadas por quienes sean  reconocidos en cada  una de sus culturas de acuerdo a  sus propios mecanismos de regulación social.



Bien puede argüir quienquiera que desapruebe el llamado del chamán, sin el ánimo de desconocer sus costumbres ancestrales, ni más faltaba, sus conocimientos y dominio del cosmos, y la relación de nosotros con todos sus fenómenos, a contratar con dineros públicos. Eso no se lo voy a negar. Pero, eso sí, hacer estrecha, hasta el milímetro, la brecha entre la inconveniencia de contratar el Estado a un chamán y tildar de charlatanes a los exponentes de la cultura milenaria de nuestros aborígenes, es un despropósito propio de un cafre de la talla de Alejandro Gaviria. 34, me informa su sastre que es la talla con la que mejor luce el petimetre en cuestión.
La ciencia y el desarrollo insisten en ir, en tanto que el conocimiento tradicional ya viene de regreso. Sin embargo, los eminentes científicos de Wall Street, me imagino esos son los que idolatra el señor Gaviria, desencadenaron irresponsablemente, de manera atropellada, la burbuja hipotecaria que trajo la crisis financiera de la que todavía no se repone el nuevo mundo, mucho menos el viejo, y, no contentos con ello, estimulan sin escrúpulos el incremento en los precios de los commodities agravando la hambruna en África. No le discuto, señor Gaviria, el desarrollo y la ciencia nos han ofrecido una mejor calidad de vida, aunque, dicho sea de paso, en detrimento del bienestar de la mayoría.
Obstinados. Al igual que caballos guiados por su jinete: visión obtusa. Actúan como el jinete los economistas europeos y norteamericanos. Su doctrina, la fusta. Éste es, por tanto, el nuevo y delicado Síndrome de Londres, suerte de condición patológica en la que el paciente importa –un bledo molar, doble moral- el modelo del LSE, y lo arroja directamente sobre una sociedad en la que no ajusta bien. Señor Gaviria, con seguridad se enojaría usted si yo, después de haber sido informado por su sastre de que su talla es 34, insista en embutirlo en un saco talla 32.
No me sorprendería, en consecuencia, que fuesen quienes critican con sorna y desprecio al chamán Jorge Elías González Vásquez, los mismos peregrinos, que a falta de Mayflower se transportan en las locomotoras de la prosperidad, y no perdieron oportunidad de venerar y rogar por uno que otro milagrito al tubito de ensayo, inocente de su sacra atribución de custodia, que contenía la sangre de Juan Pablo II.



lunes, 12 de diciembre de 2011

LO RETO, PROFESOR JIMÉNEZ, A ENCONTRAR UN PÁRRAFO SUSCEPTIBLE DE SER LEÍDO EN ESTA ENTRADA.

A las diez de la mañana ya se han intercambiado los comentarios que antes se contenían en un día entero; la velocidad con que una noticia supera en popularidad a otra es intimidante. Y es la cantidad de contenidos lo que precisamente hace de esa avalancha informativa un tema inquietante. Su variedad, además. A la vez es posible discutir las gracias –entiéndase por gracia el excremento expulsado por un animal- de Juan Manuel Corzo, el estremecimiento que día a día sufre la estabilidad nacional a causa de la maldita niña o de la acción de la mano negra desmintiendo a las víctimas, incluso tiempo queda para cuchichear acerca de las rupturas sufridas por las parejas más reconocidas de Beverly Hills, Cali-fornia, ve, las de las de Colombia también, y del culo informe de una aspirante a diva. Los tiempos giran fatigados.
Todo lo anterior gracias a la velocidad con que se propagan las informaciones. Y, sin duda, las herramientas que más han contribuido a este hecho son las redes sociales –maldito sea el creador de tal mote-. No únicamente es posible enterarse de los hechos más distinguidos de la actualidad sino, en adición, encuentran su propia tribuna las actividades melifluas, lo que a nadie interesa, eso que nadie quiere saber. Maldición. Millones de opciones provechosas ofrecían estas herramientas como resultado de su utilización, sin embargo, lastimosamente, para nuestro dolor y el disfrute de los más, elegimos la peor de todas. En vez de tomar nuestro propio destino por el cuello y someterlo, triunfo de la consciencia, creando una identidad social competente, fértil intelectualmente para beneficio de la sociedad, hemos preferido abandonarnos a un sobresalto frenético en el que la zalamería y la idiotez son el lugar común. Rebaño vergonzante.
Mi primer contacto con las redes sociales tuvo ocasión en 2006. Y me tomaré la libertad de omitir, entre otros, al Messenger y demás artilugios, por así decirlo innombrables, carentes en absoluto de relevancia en este relato. Esta aclaración con el propósito de evitar que el lector desprevenido se extravíe en sus propias abstracciones y juzgue mi conocimiento e interés por estos instrumentos, indispensables hoy en día, más bien comparables con los de un neófito. Aunque esta aproximación no es del todo equivocada. Ya se dará cuenta usted del porqué. Retomando el relato abandonado, en 2006, un lustro atrás, más o menos, abandonándome a la incomodidad de una banca de parque –uno con nombre relativo a la realeza, en el que los policías que lo custodian, en lugar de perseguir a los pillos, le ofrecen unos cuadritos de papel higiénico con el ánimo de socorrer a las víctimas de apuñalamientos-, licenciosa es la concesión natural que para sí tiene el estudiante, extendiendo su mano para que tomara el cigarro de marihuana entre mis dedos, recriminaba mi amigo, “¿Y qué? ¿Nunca va a abrir una cuenta en feisbuc?”. Fingí no oírlo y aspiré una profunda y larga bocanada. “Lo que usted no sabe es que, deliberadamente, no me ha antojado incluirlo a usted”, pensé luego, aturdido –no sé si a causa del efecto del THC mezclándose en mi torrente sanguíneo o de lo insubstancial que me resultaba la conversación-.
Ahora bien, el miércoles inmediatamente anterior el profesor Camilo Jiménez, AKA @bocasdeceniza, dejó a todos quienes tuvimos la oportunidad de leer la última entrada en su blog, en primera instancia, boquiabiertos, ya fuera resultado de su lectura, indignante asombro o bien condescendiente solidaridad. El profesor Jiménez  explicaba en ésta los motivos que lo llevaron a renunciar a su cátedra Evaluación de Textos de No Ficción, en la Universidad Javeriana, palabras más palabras menos, porque sus estudiantes no son siquiera capaces de escribir un párrafo correctamente “Donde se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito –ortografía, sintaxis- y se cuidaran las mínimas normas de cortesía que quien escribe debe tener con su lector: claridad, economía, pertinencia.”, según sus propias palabras. En mi caso, debo decirlo, me siento completamente identificado con la crítica. En consecuencia, se hizo más conocido el texto gracias a su difusión en tuíter y, como si no fuera suficiente, fue publicado el viernes en El Tiempo a manera de columna de opinión. Como reguero de pólvora se explayó el alboroto. Las voces de protesta no se hicieron esperar y, en segunda instancia, se dio origen a un flujo de respuestas a la carta de renuncia del ahora afamado profesor y de respuestas a la respuesta, y así. Yo, como fiel miembro de mi generación, excelente ejemplar de este rebaño idiota y zalamero al que pertenezco, uno mi voz a las miles que alientan o crucifican al profesor Jiménez. Aunque, sea apreciada la aclaración, después de mucho reflexionar, me inclino también a pensar que el profesor Jiménez espera mucho más de lo que sus alumnos pueden dar. Un párrafo.
Recuerdo con claridad, hace unas cuantas semanas ya, un compañero de estudios en el colegio, Felipe Leal, actualmente profesor, de esas personas con las que rara vez nos cruzamos un saludo y, si por coincidencia nos llegamos a topar el uno con otro en la calle, apuesto mi vida, nos ignoraríamos, se quejaba de los disminuidos atributos intelectuales con los que sus estudiantes afrontaban su cátedra y, en general, todos sus demás complementos y requisitos. Sabrá Dios la especialidad a la que dedica sus esfuerzos este ilustre académico. Lo que sí me quedó claro es que para el profesor en cuestión no es suficiente con renegar de la inferioridad intelectual de sus estudiantes sin haberse ufanado antes de la profundidad explícita de sus lecturas. Entre otros, con el mentón bien en alto, cita a escritores como Jim Rohn, Wayne Dyer, Zig Ziglar y Larry Winget -gurú entre los midgets-, reconocidísimos autores de documentos editados a lo largo y ancho del mundo en el competido campo de la autoayuda. Extrañé, no obstante, la inclusión de Paulo Coelho en esta selecta lista. Omisiones de las que nunca estamos exentos a escapar. Eso sí, todos y cada uno de los productos de sus cavilaciones juiciosamente documentados en las redes sociales, desconociendo por completo el uso de tildes, puntuación, además de los mínimos menesteres exigidos a sus alumnos a tener en cuenta por parte del profesor Jiménez.
Le pregunto entonces a Camilo Jiménez, y espero no sea mucho el atrevimiento de mi parte, si nos hemos acostumbrado a que, incluso orgullosos y ávidos lectores a razón de un libro al mes en promedio, tal el caso del profesor Leal, no sean capaces de redactar una frase correctamente en ciento cuarenta caracteres, por qué hemos de reclamar el mismo trato al idioma en la extensión de un párrafo.
Definitivamente, el problema, ni más faltaba, no digo que sean las redes sociales -de no ser por estas herramientas, tuíter especialmente, la difusión de esta discusión se habría limitado al cerrado círculo de quienes a su haber tienen el oficio de la escritura, su hogar la academia- sino, por el contrario, sus participantes. Cuando no todos, una gran proporción de ellos. Usuarios, en exceso, de los gerundios como primera palabra en una frase; inseguros, creyendo como insuficiente un signo de admiración en el momento de dar emoción a sus enunciados; abusivos corsarios que hurtan los chistes de tuíter para correr a balar y congraciarse con su prole en feisbuc; COPIA ÉSTO EN TU MURO SI EN ALGUNA OCASIÓN HAS COMETIDO CUALQUIERA DE ESTOS ADEFESIOS.
Alarmante es, sin titubeos, que los comunicadores no sean capaces de redactar un párrafo si, en efecto, ese ha de ser su oficio, componer las sutilezas del lenguaje a partir del lenguaje de las sutilezas.
Así las cosas, profesor Jiménez, lo reto entonces a que encuentre un párrafo susceptible de ser leído en esta entrada.

jueves, 8 de diciembre de 2011

SI TE DECAPITÉ, YA NO ME ACUERDO. RETRATO DE UNA LEY ALCAHUETA.

Escoltados como Dios manda, a la usanza de las operaciones militares tradicionales, por una caravana de  representantes de las fuerzas del estado colombiano, tres sanguinarios líderes paramilitares, Salvatore Mancuso, Ramón Isaza e Iván Roberto Duque, el 28 de julio de 2004, atraviesan la vía que conduce desde Santa Fe de Ralito hacia el aeropuerto Los Garzones, Montería, donde una aeronave los esperaba para conducirlos, sin escalas, hacia una base militar en Bogotá, y de allí al Congreso, no obstante su terrorífico poder en el norte del territorio nacional, a reclamar su lugar en la historia.
A agitar sus manos, a dar cátedra, a ponerse en el lugar de Dios. A reprender a propios y extraños a causa de la ligereza con que se han redactado las leyes. No es justo que después de haber descuartizado y asesinado, de poner en riesgo su pellejo, se dieran el lujo los comandantes y prescindiesen de estrechar las manos de sus socios. Así reza el nuevo mantra de moda, buen heredípeta ingrato que es su autor, “no me crean tan pendejo”. Explica Mancuso ante el desfile de asesinos a sueldo contratados –directamente desde la oficina de envigado- para su protección, el origen de los grupos de autodefensa “de forma espontánea y en legítima defensa propia y de nuestras comunidades, (…) empujados al abismo de la guerra por el vacío de poder y la barbarie”. Animado por sus camaradas parlamentarios, no pierde ocasión, pues, de intimidar también a sus rivales, haciéndoles saber que el todopoderoso está de su lado, y añade “Que Dios, a través de nosotros, realice sus designios de paz para todos los colombianos.” Aunque, ventaja desde el punto de vista de sus enemigos, su aliado más poderoso sería calificado de imaginario. Bien podría, por el contrario, haber hecho alusión el comandante, subordinado del de los afectos de Salud, a la calidad de mesías de su benefactor.


Protegidos al amparo de una ley generosa, alcahueta, en el estricto sentido de la palabra, los jefes de las AUC, muy cómodos ellos, y reconfortados en la negligencia de un sistema de justicia incipiente, fortín del asesino y traficante, del débil, azote implacable, lavaban sus manos con las lágrimas de viudas, madres y huérfanos indefensos “yo no ordené ese asesinato”, y sorpresivamente, dando un giro inesperado, compensaban a sus víctimas, palmaditas en el hombro, “yo averiguaré”. De mala gana. Todo a través de telones sobre los que se proyectaba, a propósito, el pálido rostro de la ley.
Aquél bochornoso espectáculo interpretado por los consentidos del gobierno anterior. La asistencia a las víctimas, por su parte, en manos del establecimiento, es irrespetuosa. Psicólogos del CTI sugerían a los dolientes explicarle a los niños la muerte como una manifestación de la voluntad de Dios –no se olvide que Dios está del lado de los buenos-, queriéndoles decir “la culpa no la tiene nadie”, mermando todo arresto espontáneo y deliberado en detrimento de que esos niños alimenten cualquier resentimiento contra la milicia o a las autodefensas. Una barricada mental que evite a la verdad sobreponerse a toda la tierra que han amontonado sobre sí. Así entonces, disminuidas las víctimas, exhausto su orgullo después de atravesar el país, de cabo a rabo, rogando por clemencia y recibir a cambio portazos en sus narices, deshidratadas a causa del llanto ininterrumpido, les son restituidos algunos cortes transversales de vértebras y fémures fragmentarios, dos centímetros de diámetro describen los orificios perfectos que explican la causa de muerte en los cráneos, ocasionalmente. Dispuestos los restos en osarios demasiado grandes para ser depositados apropiadamente en las fosas de los cementerios públicos, pompa y circunstancia amenizan al son de una organeta.


Gracias a Dios, la política de seguridad democrática enfiló, sumados a los de la educación y la salud, sus esfuerzos y recursos a recuperar las zonas tomadas por la delincuencia. Brindar sosiego a la población civil dejando descansar sobre el regazo de un estado comprometido con la prosperidad todas sus angustias, a expensas de extender esa certidumbre por fuera del palacio presidencial.
Pese a transmutarse estas prácticas en una política de abuso en menoscabo del campesino, la seguridad favoreció el despojo de tierras, feria del latifundio para grandes terratenientes. ¿Quién mejor para aumentar su productividad? Con la bondad del político, dibujando sonrisas retorcidas en sus rostros, mirándolos por encima del hombro, fueron restituidas sus tierras a los campesinos cuando, en realidad, el aparato militar de la nación –ejército, armada y fuerza aérea- defiende la política del pillaje.
Corríjame si me equivoco, ¿no es peculado acaso en gravísima consideración, si no antes una actuación criminal intestina, la acción de destinar los recursos (de toda índole) de una nación aislada en la indigencia, al asesinato de líderes sociales y sindicales, campesinos, ejecuciones extrajudiciales de desempleados y drogadictos, lacra inmunda, lastre inútil con el que arrastra la sociedad, nunca objeto de programas sociales de rehabilitación, haciéndolos pasar por guerrilleros o paramilitares dados de baja en combate? Política de la sustracción. Menos mercenarios de los qué preocuparse; menos desempleados, tres mil aproximadamente; menos recursos destinados a inversión social; menos honestidad; menos amenazas terroristas marcadas en el pecho con la escarapela OPOSICIÓN. A menos que mi juicio sea arbitrario.
En resumen, identificada con el número 975, la Ley De Justicia Y Paz tenía por objeto principal, entre otros, al momento de su implementación en el año de 2005, “facilitar los procesos de paz y la reincorporación (…) a la vida civil de miembros de grupos armados al margen de la ley, garantizando los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación”. Nanay cucas. De eso tan bueno no dan ni cincuenta pesos de nada.
Miles de familias abandonadas a su muerte, al dolor de no saber qué es peor, si hallar entre matorrales el cuerpo de sus maridos, hijos y padres, decapitados, o, por el contrario, no tener ni idea de a dónde fueron a parar. Ésto no hay con qué repararlo. “Uno siente como una papaya atravesada en la garganta… las palabras no salen”, pienso; esbozo una sonrisa triste al caer en cuenta de lo ridículo y tropical que suena eso de la papaya, tratándose de asuntos tan delicados como es el de la paz.


domingo, 27 de noviembre de 2011

ALIADA DEL VIEJO DEL COSTAL

A Gloria.


Posaba de soplona en ocasiones, cuando al fondo de la calle se veía el viejo del costal escarbando entre la basura, amenazando ella con hacerle saber de mi mal comportamiento; él, sin remedio, se vería obligado a sacrificar el espacio ocupado antes por cualquier cachivache similar en tamaño a mi cuerpecito con el pretexto de llevarme dentro;  noble labor con la que cumple el viejo del costal: Evitar a toda costa la higiene personal mínima, requisito fundamental para ejercer, apartar a las madres atormentadas de sus hijos altaneros. Sonreía conmovida al ver mi carita de terror, mi mandíbula abierta de par en par. El reciclador, sin comprender muy bien el porqué de mi asombro atina a hacer una sonrisa macabra clavando su mirada en la mía; se rasca en medio de sus glúteos. Luego, la ternura de mami se transformaba en estremecimiento al estallar mi berrinche.
             El papel de histérica no le quedaba mal tampoco. Aprovechando cualquier descuido me perdía de su vista en el supermercado ocultándome tras los aparadores. “Juan Roberto, hijo… ¿Dónde te has metido?”, alzaba la voz ante las miradas curiosas, pasando de un pasillo a otro. A ella le importaba un bledo si era acusada de escandalosa o irresponsable; únicamente ampliaba su mirada de cabo a rabo, con la esperanza de que sus ojos se encontrasen con la imagen de su hijo cachetón. Y yo, insolente, sólo ahogaba mi risa poniéndome la mano sobre la boca, viéndola perder la razón desde mi escondite. Visiblemente arrepentido me aparecía por detrás de ella, halándole de su pantalón a la altura de la rodilla, para su alivio.
Soplona e histérica, son tan sólo un par de los personajes interpretados por ella a la fuerza, sí, porque eso es a lo que sabe ser madre, a caca, verse obligadas a vestir encima del de la gracia atuendos de los que no gustan –ni las madres, cuanto menos sus hijos-, disfraces que únicamente lucen y hacen gala si nosotros, los hijos, antes hemos decidido posar como cretinos.

Dios proveerá.

lunes, 14 de noviembre de 2011

DE NO CONSEGUIRSE LA PAZ, ¿QUÉ SE LE VA A HACER?

La evidencia es que los hechos no dejan asidero a duda alguna. El mundo se va a acabar hoy, mañana, si corremos con suerte pasado mañana, y las señales apocalípticas no cesan de ocupar los espacios de privilegio en medios de comunicación impresos y digitales: multitudinarias congregaciones civiles opositoras a los regímenes económicos impuestos a las malas en el viejo y obsoleto continente, súmele organizaciones estudiantiles en Latinoamérica, sin contar con las revoluciones patrocinadas por occidente acaecidas en oriente medio; es una pena el abandono y sometimiento que sufre el pueblo árabe, rico en teoría; corre el rumor, de que manga por hombro se acaba de arrebatar la riqueza de las manos a los dictadores con el objeto de ser ofrecida, a cambio de nada, a los tiranos demócratas, representantes de los valores británicos y franceses –valientes valores los que heredó a todos nosotros el venido a polvo imperio romano-; son tiempos de indignación. Hecatombe, ya lo creo, haciéndolo más familiar para el lector desprevenido.
Por variar, también nos ha dado por imitar la insatisfacción acá, sí, lar del asesino y traficante, concupiscencia y redención de la corrupción a la vez, Colombia tierra querida, estercolero de la moral. Colombia, ese lugar donde no provocan preocupación las inundaciones locales pero sí asustan los huracanes que golpean la costa este de la unión americana.
Y sí, cuando aún nos queda vida, antes de ser achicharrados por un asteroide colosal o ser desmembrados con motosierra nuestros cuerpos y dispuestos a reposar los residuos resultantes del procedimiento en el fondo del Cauca, es preciso hacer memoria.
Con gratitud recibimos la coincidencia, serán 23 años y unos días en que tuvo lugar la masacre en Segovia: Un grupo de paramilitares, liderados en ese entonces por el próspero ganadero actualmente radicado en Liverpool, Fidel Castaño, fuertemente armados irrumpieron en el pueblo con el propósito de asesinar, lista en mano, cualquier vestigio viviente de la UP, partido político de izquierda triunfador en las elecciones locales, bendición previa extendida por el bonachón presidente Belisario Betancur. Ráfagas de fuego fulguraron bajo el manto de penumbra en el que descansaba Segovia la noche del once de noviembre, antes de irse agotado 1988, una bota se encaja en los testículos de un perro curioso, en medio de los jadeos una pareja de amantes es sorprendida por los proyectiles mientras hacen el amor –aj, aj, aj… pum-, conquista y agitación reactiva equivocada, sangre que brota a borbotones por los agujeros salpica sobre el rostro de uno de los mercenarios inclementes, y una carcajada. Cuarenta y tres personas se cruzaron en el camino del escuadrón de paramilitares y del ex congresista César Pérez García, quien ordenó apretar el gatillo para su provecho político, diputado por Antioquia al momento de su captura, aliado incondicional del gobernador del departamento, Luis Alfredo Ramos.
No sobra preguntarse, en consecuencia, cuál es el motivo de haberle sugerido el gobierno de turno a los miembros que integraron la UP su inserción política, provenientes desde movimientos controvertibles como el PCC hasta las FARC, simplemente, con el objeto de hacerles creer su iniciativa como el primer paso hacia la reconciliación civil, cuando no pretendían más que aprovechar su visibilidad y llevar a cabo su malévolo plan, uno a uno, perseguirlos y ejecutarlos hasta marginarlos al exterminio.

Sin temor a equivocarme, las cualidades de Bernardo Jaramillo Ossa o José Antequera, de Pizarro incluso, no tienen nada que envidiarle a las de Álvaro Gómez Hurtado.



Un par de semanas atrás fue electo en Bogotá como alcalde mayor Gustavo Petro Urrego, reconocido menos por sus valientes denuncias desde su curul en el senado a las infiltraciones en el poder legislativo –bobo útil para el ejecutivo- de los paramilitares, a diferencia de su pasado como militante cobardón del M-19. Incipiente es la palabra que mejor describiría las elecciones inmediatamente anteriores, a pesar del gran fervor popular, de la agitación social, del inconformismo, el recién elegido alcalde mayor del distrito capital no obtuvo ni siquiera 800.000 votos, cerca del 30% de la votación local. Con razón, muchos preferimos seguir las elecciones desde casa, a través de la tele y tuíter, mejor que hacer arte en el circo, aunque sí me dolió no acercarme al puesto de votación, debo confesar, por vez primera desde que tengo edad para votar, pintarle unos bigotes al retrato del candidato uribista –sujeto ileso, sus electores miopes nunca le cobraron, paradójicamente, las losas defectuosas de Transmilenio que ya nos han costado más de $300.000 millones, y seguimos pagando-. No obstante la desidia, Bogotá ha demostrado tener una consciencia coherente con la realidad nacional y, durante tres períodos consecutivos la balanza se ha inclinado hacia la centro izquierda.



Sin embargo, después de obtenidos los resultados del ejercicio electoral, los inconformes dejan entrever el temor causado a partir de su derrota, atizan el fuego con sus provocaciones, alentados por columnas de opinión publicadas en nombre de personajes de ética proscrita y odio desmedido. Si de un lado los victoriosos no dejan de alardear y de pararle bolas a las provocaciones y, por su parte, los miembros del bando contrario no se oponen con ideas y argumentos -reconocidos por estar orgullosos de su virilidad, de pegarle en la cara a los maricas-, no nos queda mucho por esperar, como opinan muchos acerca del eterno anhelo de la paz, “qué se le va a hacer”.
La coyuntura que descansa en las manos de Petro es invaluable. Moreno y Garzón no fueron más que unos astutos oportunistas que no dejaron pasar de largo la ocasión de capitalizar el descontento general en votos, utilizando como plataforma al ya deteriorado Polo Democrático. El futuro alcalde de la ciudad es hijo y legítimo heredero de la única iniciativa de paz cívica que ha tenido la nación en 20 años, la séptima papeleta, a diferencia de Cano, persistente ideólogo de las FARC, cadáver insepulto, trofeo para el establecimiento y objeto del morbo popular.
    De seguir sus preceptos de justicia y equidad social, Petro se muestra desde ya como el más serio adversario en frustrar el anhelo de reelección de Santos, y el de la eventual re-reelección de Uribe.

lunes, 7 de noviembre de 2011

LA GRATITUD NO ES ALGO CON LO QUE SE CORRESPONDE A ALGUIEN A LA LIGERA

A Lucero.


No sé si signifique algo que una de las memorias más claras que aun atesoro de mi infancia es de un, no estoy seguro si soleado día, me cuesta recordar con exactitud, con el tiempo se acumulan más experiencias, desordenadas y enredadas, y así más revuelta la madeja de vivencias, unos hilos se enroscan sobre otros y se confunden, se cruzan, lo que en una ocasión fuese deleite para mi paladar podría ahora hacerse pasar por un episodio desagradabilísimo, y así; mi tía Lucero me besa en la mejilla. “¿Y sí estás feliz de volver al colegio después de disfrutar tus vacaciones?”. Luego de aprobar con relativa facilidad el primer año de transición entre el jardín de infantiles y el colegio, era promovido al primer grado de primaria. Pude simplemente levantar la mirada, hacer una mueca a manera de sonrisa, “Sí, cuento los días que hacen falta para volver,” mentí ingenuamente, “extraño a mis amigos, los juegos, las…”, “¿Qué materia es tu favorita?”, me interrumpió ella, entusiasmada. Me trago las ganas de hablar de las maestras y no dudo un instante en replicar: “Matemáticas y español”. Sonríe Lucero y me revuelve el cabello con la mano. Sabor a helado o torta de cumpleaños, es a lo que me sabe quizás el recuerdo de la primera vez en que llanamente mentí.
Caprichosas, tercas, enroscándose sobre sí y estirándose, serpientes apareándose, copulando a prisa, angustia e inminente finitud, trenzas de la memoria, me traen un gusto a salmón, y mi tía tirándome del pelo. “Sacúdase, m’hijo… si le contara de mi papá.” “¿El abuelo?” Me inclino hacia ella.
Y no puedo menos que abrir los ojos, en toda su amplitud como platos, y prestar atención, -corresponder  con lo que debía ser gratitud, en forma de reclamos y pataletas, altanería- a sus historias de hace mil años, experiencias y chistes flojos de sus hermanos y amigos, propios también, y, de nuevo, hilos de humo alzándose y cruzándose a su antojo, cigarrillos Pielroja y Marlboro Light, sendas tazas de café.     

NOTA DEL AUTOR: Me importa un pito si las serpientes copulan o no, en mi ficción sí lo hacen.