martes, 8 de julio de 2014

UN CAFÉ CON HÉCTOR ABAD (i)

La abuela Mercedes sufrió un accidente cardiovascular en agosto del 2008, que comprometió su capacidad motora y del habla. Salí en chancletas y pijama, después de dejar a mi abuela desayunando en la mesa frente a un huevo cocido y una taza de café con leche y tostadas, a fumarme un porro al Parque del Virrey sin temor de ser observado y señalado por los deportistas matutinos que frecuentan el lugar. No sé por qué, pero el porro se resistió a que lo fumara; quizás la idea de trascender a expensas de mi intrascendencia lo hizo desistir.
Al regresar, encontré a Mercedes tendida en el suelo sobre un costado con un gran chichón en la frente. Ella ya había manifestado síntomas de vejez con comportamientos extravagantes, de manera que interpreté su postura como otro de aquéllos. Le hablé y ella únicamente balbuceaba y sonreía. Reía. Exhibía babas en su pijama. Fue cuando entendí lo que había sucedido durante mi ausencia y me sentí afortunado de haber guardado el porro en el bolsillo del pantalón del pijama en lugar de fumarlo en el parque. Si mi capacidad de reacción en ese momento fue torpe y atropellada, no quiero imaginar cómo habría sido de haber fumado el cannabis: primero me hinqué al lado de ella y le susurré al oído preguntándole cómo estaba. No hubo más respuesta que un balbuceo con tono de disculpa, siempre con una sonrisa. Luego corrí a la habitación principal y agarré el teléfono y marqué el 123. Al otro lado contestó un asesor que no cesaba de hacer preguntas para las cuales no conocía la respuesta, que la edad de nacimiento de mi abuela, que el número de su cédula… que si habría tenido sexo en los últimos veinte años, me dije mentalmente a manera de broma, sin pudor. Expliqué la urgencia de la situación al teleoperador. Indicó aquél que una ambulancia llegaría al domicilio que le dicté antes apenas una estuviera disponible. Visiblemente abatido llamé a informar a mi tía Clara de lo sucedido, pues mi madre se encontraba dictando una clase de Antropología Médica en la universidad. Mientras esperaba a la ambulancia y a mi tía seguí las indicaciones que ella me dio, y que claramente el teleoperador del 123 no estaba capacitado para dar. Limpié los labios de mi abuela y le di a beber agua con un pitillo. La dejé en la misma posición en que la encontré, a pesar de que daba muestras de incomodidad.
                Llegó a casa tía Clara antes que la ambulancia. Ya habrían pasado treinta minutos desde que se hizo la llamada de auxilio. Tía Clara le hablaba a la abuela Mercedes. Le limpiaba el sudor de la frente.
                En vista de que la ambulancia, después de cincuenta minutos no daba muestras de llegar al rescate, y la angustia por la vida de la abuela se hacía más amplia, igual que el chichón en su frente, que se tornaba marrón, morro marrón, desesperadamente salí a la calle en busca de un taxi, con la gran suerte de que un estacionamiento de ambulancias de carácter privado se ubicaba a dos manzanas de casa, del cual no tenía conocimiento hasta ese momento. Al notar mi angustia, el único conductor de servicio en el parador dejó caer pesadamente sus pies de la mesa ante la que minutos atrás había estado comiendo roscón con Colombiana (el regazo del conductor estaba cubierto de azúcar, y sobre la mesa descansaba una botella vacía).
                Para el momento en que ya estaba preparado el desplazamiento de la abuela hacia la clínica media hora después, ella atada a una camilla, boca arriba, con las sirenas encendidas, se abría paso entre el tráfico la retrasada ambulancia de la Secretaría de Salud de Bogotá, poniendo pereque, cuando ya para qué.
                Tres años después la recuperación de la abuela ha sido lenta. Es capaz de ponerse en pie y de caminar con ayuda de una enfermera, come por sí misma, a pesar de que su mejor amiga actualmente es una silla de ruedas, con la que rueda día y noche, de su habitación a la sala, de la sala al comedor, de la que no se separa siquiera para ir al baño, a la que le cuenta sus penas en sus momentos de soledad, sin saberse si le escuche o no: una amiga fiel pero pesada de llevar. Sí. De esos amigos, de los buenos, de los que llegan a la vida por coincidencia y no por elección.

                Compañía a la abuela no le ha hecho falta. Todos los días, si no está resistiéndose a que tía Clara le corte las uñas de los pies, a comer un poco más, espera a que mamá le deslice entre sus manos una mantecada por debajo de la mesa, sin que tía Clara o Mariluz, su enfermera fiel, se den por enteradas. Por mi parte, soy feliz de no tener que cortarle las uñas de los pies. Me conformo con leerle mal las noticias del periódico, con robarle una sonrisa. Que Uribe está enfermo de cáncer a causa de unos implantes mamarios marca PIP; que Santos sufre de incontinencia urinaria durante un discurso (?)

lunes, 4 de febrero de 2013

LA BELLA Y LA VESTÍA DE LÁTEX

Érase una bestia quien sufría de un trastorno de la personalidad y creía ser bella: tenía complejo de princesa.
Habitaba un castillo y purillo de ensueño, propiedad de la Dinas tía Cánceres, en compañía de su príncipe azul del rap. Nunca por obligación, siempre por placer, las visitas a otros reinos, el animal o el vegetal de ser el caso, cuando no el mónera, se hacían en su carruaserejé ja dejé dejebe tu dejebe de Barbie barbuda a lo Bárbara Blade, sin desperdiciar ocasión de presumir la panza cuando se paran sobre la báscula sus invitados y lustres, entre los que destaca taca-taca-taca Scar Gordoba; Cartahenna de Indias que no tienen con qué pagar un tinte de DeL’oreal, ni ahora ni de vuelta al futuro, aunque no se pierden la movida del catre de Dania Londoño ni mucho manos a la hembra, y el Pantano de Vargas (que reclama como propio Shrek), cuentan cuentos de hadas hediondas entre sus desatinos turísticos preferidos.
Como toda doncella miembro masculino de la menarquía dedicaba sus ratas libres a sus ábrase de caridad: desde su Reino de Adas (Asociación Defensora de Animales) salvaba ballenas encalladas que sufren de callos en las Pléyades vía feisbuc, a pesar de que a su propia mascota, un bulldog arrugado, ella le resulta extraña, toda bestia que su ambiente natural, su hogar, es la guardería de perritos, y en ocasiones las páginas sociales en la prensa canina.
Además, sin lugar a deudas, aprovechaba la provechosa ubicación en la tabla de posiciones de su equipo de fútbol predilento: BAMOS, MIYOS! MIYITOS TU POPÓ!!!!!!!!!, y no pierde oportunidad de hundir la nariz en asuntos de los que carece de cualquier conocimiento práctico, sobre los que es menester comprender ciertos e inciertos asuntos particulares de economía (no ecología) o política; no temía, sin embargo de bienes, hacer el ridiculeo culeo culeo y osaba poner en entredicho el rigor periodístico de la Casa Editorial El Tiempo a causa de su nuevo propietario, Luis Carlos Zar-miento por contrato, aunque ella vendiese a siniestra sin diestra acciones de su grupo financiero.
Calorín acalorado este relato ha enfadado.

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NOTA DEL EDITOR EN MONO: Se recomienda a la princesante que hundiese la nariz en las líneas de perico extendidas sobre las mesas de mármol durante el Ayayay Festival. No lea, presuma que lee, es mejor, es mojar calzón.

miércoles, 23 de enero de 2013

EL SÍNDROME DE PEREQUE PEÑALOSAS DE TRANSMILENIO

Un estudio resiente algunas susceptibilidades: Ahora que la última grieta de la moda es oponerse a la digestión de Gustavo Petro en la Alcancía Mayor de Bacatá, la perra, no hay quien no haya manifestado a grito herido de muerte su inconformidad con el vergomaestre.
A esta tendencia tendenciosa, tendida la tendera, tendiente a la tendinitis se le denomina ‘El síndrome Pereque Peñalosas de Transmilenio’, característico de especímonos y primates evolucionados hasta tal punto de fábrica que manifiestan altísimo grado de inversión, es consecuencia de la sobreexposición por parte de los remedios caseros de comunicación al falo porno gobernar desde el Palacio de Liévano, sino vía tuíter.
Los pacientes del síndrome han manifestado no tenerle paciencia a Petro, y entre sus síntomas destacan trabajar para él, sus asociados o familiares, o bien amnesia crónica de una suerte anunciada.
Aunque las antipatías generadas por Petro no son gratis, gritas eso sí, son de alguna mamera exageradas. El Lupus Dei dirigiendo interceptaciones telefónicas desde el Va[ti]cano con la mano negra de César Mauricio Velásquez, y con la interpretación de tales mandatos por parte de Alejandro Ordenado de Obispo, en compañía de la DEA, han controvertido los centros de consumo con trolleada; a su vez, el senador Gerlein no soporta la idea de que por la Séptima se pasee y pavonee un metrosexual ligero de ropas. Ayayay, excremental Uribe, ¿qué te has hecho que no te veo? Clama desde su columna móvil terrorista el prestigioso Ernesto Mesías Tovar.

Gustavo Patrón

Así, muy a la ligera, de argumentiras ligeras, la oposición más cómoda es la del misionero; la de moda. Como en los tiempos en que se atacaba cualquier nintento de prolongar la mongolítica de seguridad de Uribe y a la vez se apoyaba la aspiración nasal a la Alcaldía de Pereque Peñalosas de Transmilenio (envalentonado el primate por el secundado); ahora bien, se desquitan los pacientes del síndrome impacientes con Petro cayendo en el exceso de cambiar las marchas por la recolección de firmas para la revocatoria, lo que es igual a la recolección de basuras.
Si Colombia es el país más feliz del mundo, es culpa de Petro.



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Nace de esa basura sacar: Fe de ese nené heredero atacaba, ADN a bala, ¿o dar recorte podrá? Tardó Petro, cerrado a la banda, a Bacatá, ore de rehén en ése; de fracasar, usábase edecáN.

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NOTA DEL EDITOR EN MONO: A todos los estudiantes de Comunicación Social en la Universidad de la Sabana quienes no hayan recibido la cátedra Interceptaciones Telefónicas I y II, y el Seminario Evasión de Preguntas Comprometedoras durante el período en que César Mauricio Velásquez fue decano de la facultad, se les conmina a acercarse a la oficina de Registro Académico para hacer efectivo el reembolso del valor de los créditos correspondientes a estos cursos. Gracias. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

NOS NICARAGUARON LA FIESTA

Colombia es un hijuedisputa país. Cien daños después de la separación del turistmo de Panamá, deliberadamente Nicaragua en 2002 abrió licitaciones para explotar el petróleo presuntamente alojado bajo la locha marítima ubicada a la izquierda del mediano 82, zona protegida por la dicción colombiana, ¿scíí?; por su parte, en respuesta al abuso de soberbianía la Cancillorona enafiló sus armas, entre los que disponía de los mejores negociadores que fracasaron en el Nicaraguán.
Al finalizar el proceso extendido por once años durante los cuales los asesores latigantes de Colombia expusieron los motivos por los que el archienemigo de San Andrés debiera de permanecer atado a la miseria del país (la respuesta es Colombia), Nicaragua obtiene, no quedarse con los cayos, sino una porción marítima impotente sólo en aparrancia.
Hicieron el negocio de la vida Daniel Ortega, presidente de Nicaraguardiente, y sus secuaces, en efecto, se apropiaron del petróleo que ya habían vendido y nos dejaron la carga presupuestal de San Andrés.
Todo cuanto se aprendió de este episodio diproblemático de límites, mar y timos será consignado en los anales hinchados de hemorroides de nuestra historia.
¡Feliz meridiaño nuevo!

miércoles, 14 de noviembre de 2012

ESO EN CUATRO POR MIL NO SE VE

Se hace merecedora, señoras y señores, la empresa corredora de teta los valores e instrumentos sin(t)éticos financieros, Interbolsa, del Premio Nacional Mejor Cosm-ética Corporativa del Caño, reconocimiento a sus aportes a la induestría producto de sus innovaciones en el maquillaje de balances de resultados.
No contenta sin embargo la prestigiosa forma de bolsa del botín con apropiarse de una fortuna, se robó la tensión de la prensa y mil veces repugnadas sus conductas por píos y extraños. El inicio de esta infortunada cadena de oración de sucesos inesperados fue la infiltración de una información vía tuíter en la cuenta de Vladdo® que alertaba sobre la ambición de Interbolsa que por fin rompió el saco, o la bolsa, que no echaran su advertencia en saco roto, o en bolsa de valores rotos. Más tardaron en encenderse las alarmas que Petro en prohibirle las corridas a Interbolsa en su Santamaría.
Ingenuo. Los señores de Interbolsa y Fabricato se corrían, sí, pero en sus ratos de esparcimiento de utilidades sobre las mujercitas con que se entretenían en los tiempos muertos de operreación versátil, lo que ellos a su bien tienden a llamar especuliar. De tal manera que si se mete en la misma arenera a una compañía del sector bursátil y a una del textil, se obtiene una alianza de tipo burtextil. Burda e inútil.
Nada sucederá a estos personajes siniestros y abusivos, no le quepa duda externa, disfrutarán de sus fortunas como cualquier banquero o mafioso arrimado a buena rama del poder del árbol que más sombra da. De esta experiencia nos quedarán las lecciones de la inspección por parte de los órganos de con troll a los registros de Interbolsa, información que será coro-borrada de la memoria en su totalidad.
Es nada este Premio Nacional Mejor Cosm-ética Corporativa del Caño; es patético. Todo cuanto sucedió en el episodio Interbolsa a todos y cada uno de los participantes del mercado de valores les vale un bledoble moral; a menos que paguen por su de luto financiero, y se van obligados a ser corredores de la justicia.
La otra lección es que Vladdo® persistirá en perseguir a cada uno de sus plagiadores hasta que todos estén bloqueados.

LA INTERBOLSA O LA VIDA

No se trata de un caso de irresponsabilidad profesional. Es incluso peor. De saber en Colombia lo que significa ‘responsabilidad profesional’ eventos como el de Interbolsa no pasarían de ser un caso aislado. De tal manera que es un asunto de ignorancia. Lo que pone al mismo nivel al taxista altanero con el corredor de bolsa es la ignorancia; con la misma altanería con que el taxista responde a quien le reclame (sin saberse si es un acto deliberado o fruto de una inocente omisión) por no encender las luces direccionales antes de girar, o por la infracción de tránsito que de buenas a primeras tuvo la ocurrencia de cometer, el corredor de bolsa se protege con sus números.
Es peor, sí. En el caso Interbolsa el diagnóstico es de irresponsabilidad empresarial y falta de creatividad. Las maromas de semáforo que tramaron entre Interbolsa y Fabricato son una mala copia de las innovaciones en el sector financiero estadounidense que llevaron a la quiebra a millones de personas naturales y jurídicas alrededor del mundo en 2008. Miles de personas en Estados Unidos fueron persuadidas por sus asesores financieros de adquirir títulos hipotecarios previamente calificados negativos, de los que se presumía su iliquidez, con el objeto de aumentar su valor artificiosamente. Cuantas más personas adquirieran estos títulos basura, mayor sería el incremento de su valor. Y, por desgracia, cuando la burbuja explotó cayeron al piso los bonos hipotecarios junto a los ahorros de toda una vida de miles de personas.
Por el contrario, el caso Interbolsa se reventó por el abuso en las operaciones Repo, acrónimo de repurchase agreement. El asunto es que un repo es un depósito de liquidez con un vencimiento y tasa pactados por las dos partes; la parte que recibe el dinero entrega al prestador de los fondos unas garantías representadas en títulos valores equivalentes al 120% del monto de la operación bajo la custodia de Deceval; en el caso de ser entregadas acciones como garantías el valor de éstas deberá ser del 130% del monto del depósito. Interbolsa estaba captando liquidez a corto plazo con el instrumento de los Repo (para captar iliquidez a plazos más largos son recomendables los fondeos con TES) y entregando acciones de Fabricato como garantía. Cuanto más valieran éstas, más liquidez estaría en capacidad de atraer. Con tal propósito, los corredores de Interbolsa sugerían a sus clientes invertir en acciones de Fabricato, estimulando, en efecto, su demanda y, por consiguiente, el incremento de su cotización bursátil.
Eso, en tanto se refiere a la irresponsabilidad empresarial. Lo relativo a la escasez de creatividad es un asunto de vocación profesional. Son muy populares las operaciones Repo en el sector real para evitar el pago del cuatro por mil en sus movimientos de efectivo, disposición tendiente a estimular la utilización de este instrumento financiero.
Lo curioso del asunto sería que se utilizaran recursos del Fogafín, producto del recaudo del impuesto del cuatro por mil, para proteger a una empresa que defraudó a sus clientes y accionistas utilizando un instrumento financiero del que se exime su pago. De llegar a ser así, hablamos a estas alturas de un caso en que la ley no protege el interés común, sino el de unos cuantos.
No bastaron piruetas y tragos de fuego para distraer a la opinión del ruido que hacía Interbolsa con sus temerarias operaciones, tanto así que la miope Superintendencia Financiera, incapaz de tocar su propia nariz, encendió las alarmas.
Ahora bien, no siendo un inconveniente ético la puerta giratoria por la que pasan del sector público al privado y viceversa, hay que sumar a los académicos que nos deslumbran a todos con su con o si miento.
Durante años manejé las cuentas Repo, principalmente de petroleras, a nombre de un banco. Es decir, manejé dineros del diablo desde el infierno. En las mesas de dinero los Repo son el cafuche, el ripio del mercado. La menta irisada que a la sobremesa nadie quiere tocar. Estos genios de Interbolsa, el Estado y los orgullosos economistas no son más que unos chirretes miserables vendiendo frunas en los semáforos cuando no en los buses. Lo digo porque trabajé para un banco que ahora maneja perfil de cooperativa de pensionados. Me arrepiento de no haber hecho nada de cuanto tuve a mi alcance para quebrar a ese hijueputa banco.
Con seguridad, al infierno no irán todos los que trabajaron inocentemente en un banco, pero sí todos quienes hicieron lo posible por aprovecharse de su situación ventajosa.

lunes, 12 de noviembre de 2012

BALADÍ DE ELECCIÓN Y CORONACIÓN


De las transmicciones del popular programa de concurso La Voz Colombia es poco lo que se puede rescatar sin pagar un peso a sus captores.
De la primera semana de audiciones, si no fuera por el mal sabor de derrota de los participantes, que a pesar de haber hecho su mejor esfuerzo no consiguieron que los jurados apretaran el botón para girar sobre sus sillas en inequívoco gesto de aprecio por sus habilidades líricas, se podría pensar que el mal sabor era consecuencia de los abrazos de consuelo dados por los jurados a los concursantes eliminados sin ninguna muestra de pudor por acercar demasiado sus axilas aquéllos a éstos. Que no se contara con vestuario, o con tiempo para que los jurados cambiaran de atuendo es un asunto de manifiesta tacañería para un canal de televisión que cuenta con un presupuesto a nivel de la familia Umaña aunque da la impresión de trabajar con las uñas.
De las batallas por equipos es menester anotar nada; aparte de las presentaciones en bobo, de las interpretaciones de canciones de los jurados por parte de los concursantes, nada más que un impulso artificioso a sus carreras musicales de obstáculos.
¿Qué mérito tiene ser poseedor de una buena voz? El mismo que tener unas tetas jugosas o unas nalgas erguidas. Que sí, que el entrenamiento de voz es arduo, exigente; que únicamente los más insistentes y comprometidos logran ponerse al nivel de técnica que los diferencie de sus competidores, sí; pero, ¿acaso las reinas de Cartagena no se someten también a extensas jornadas en el gimnasio, o bien a dolorosos procedimientos quirúrgicos, para alcanzar la perfección en sus cuerpos?
Qué decir de las coincidencias en las comitivas, los desfiladeros mentales en traje típico de sastres naturales; en fin. Un deleite para el alma máter.
Hágale, por curiosidad, una pregunta del mejillón de Carlos Calero a un participante de La Voz Colombia, en el cuerpo de Vilma Pelmaza, a ver qué.