lunes, 8 de agosto de 2011

[EXCESO DE CERVEZA]

Azoto la puerta tras mí. Encerrado en el baño.
¡Qué es esta mierrrda!
¡Apesta a orín, es repugnante!
No se han tomado la molestia de acertar el disparo urinario dentro del inodoro, es un escándalo.
Preferiría negarme (las putas ganas de orinar, sentado, propinando diestros pitazos a un cigarrillo, a tragarme esta mierda con el pretexto de aliviarme. Mucho más satisfactorio depositar el contenido de mi vejiga en cualquier rincón, sin duda.
Me quejo pero me aguanto.
Lo vierto sobre la cerámica.
Me quejo más, pero es reconfortante.
Sería encantador haberme hecho en los pantalones; ahora, a pesar de mi escepticismo, resuelvo que es peor haber entrado al baño.
Final del delicadísimo procedimiento consistente en evacuar los desperdicios líquidos efecto del metabolismo administrado por mi humanidad.

viernes, 13 de mayo de 2011

CAPÍTULO V

El problema inició cuando todas las noches, antes de conciliar el sueño, me asaltaba la duda; Me envolvía entre las sábanas que compartía con vaca-trucha, transpirando sudor frío. Tan sólo yo sudaba, no acostumbra ella practicar tan sofisticado procedimiento metabólico, excepto si menester del sexo su peludo culo es. Cuando eso tenía lugar, aquello de sudar, ningún rincón de su cuerpo se escapaba de causar una incontrolable e infinita explosión de placeres a causa de la concupiscencia de sus sabores, olores, aspecto de la carne, sobre éste débil spineless cuerpo que arrastro. La voluptuosidad de la lujuria, entre tanto, hacía más pesada la carga de la que se componía mi lastre. Se las arreglaban mis piernas flacuchentas para transpirar más que lo tolerable. La vaca-trucha me pateaba, aunque un instante después me abrazaba por detrás con sus brazos y piernas, y me preguntaba si todo estaba bien. Prefiero dar rienda suelta al teatrino y chillo buscando uno de sus rosados pezones, para apretarlo ansiosamente entre mis labios hasta conciliar el sueño.

Todo esto tenía lugar cuando todas las noches, antes de conciliar el sueño, me asaltaba la duda.

Al alba, no tenía duda alguna.